Cómo se valora una empresa?

abril 26, 2016

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Respuesta compleja donde las haya. Porque en cierto modo, hay mucha teoría sobre el asunto, pero cierto es que cada día lo que conocemos como “empresa” se está desmarcando más y más rápido de la teoría clásica, y más si hablamos de valorar empresas.

No nos vamos a repetir y arrojar más parrafada sobre lo que ya se puede encontrar en cualquier libro de administración de empresas clásico. Simplemente vamos a etiquetar de alguna manera los métodos más recurridos para valorar una empresa en dos: Los teóricos y los de economía real.

Los teóricos, los que tienen en cuenta la empresa como generadora de beneficio a largo plazo, sin ponderar fondo de comercio, estrategia de crecimiento, sinergias, etc., y basado en un entorno no cambiante y condiciones bastante planas para su análisis. A saber:

  • Valor contable: Suponiendo que las cuentas reflejen la imagen fiel de la empresa, supone un método bastante estático y obsoleto; Activo-Pasivo.
  • Valor de liquidación: el montante neto que quedaría tras cerrar las puertas de la empresa, “tanto tengo, tanto debo“. Que supone ya hablar de una liquidez en términos de mercado para sus activos. O sea, que es preferible éste al V.Contable.
  • Valor del dividendo: parte de la premisa de que la empresa debe estar cotizada en mercado secundario. La política de reparto del dividendo aprobada en Junta, es la que supuestamente determina el valor de la empresa, fundamentándose en la capacidad que tenga ésta para generar beneficio para sus accionistas.

En el plano más práctico, tenemos los métodos de valoración que considero un poco más pragmáticos. La principal diferencia con los anteriormente citados, es que tienen que ver más con el mercado, con su entorno, que con el hermetismo contable.

  • Valor de sus acciones: También suele escucharse la palabra capitalización bursátil. Es también solo válido para empresas cotizadas, y se sobreentiende que el mercado es eficiente, y que por oferta y demanda de los inversores para con sus acciones, harán que la empresa esté correctamente valorada, ya que, éstos tienen en cuenta ratios contables, previsiones de ventas, análisis del sector, de la competencia, etc. Sin duda parece que pueda ser un método más fiable que los anteriores, ya que el dinero del inversor es síntoma de previo estudio de la empresa, cuanto menos.
  • Múltiplo de las ventas: Ciertamente, se suele usar el PER, que viene a ser parecido porque relaciona el beneficio que genera la empresa con su capitalización, pero!… ya hemos comentado que el beneficio tiene bastante que ver con la política de amortizaciones, contabilidad, tramo impositivo, etcétera de la empresa, mientras que las ventas son valor de mercado puro y duro. Además, vale para valorar todo tipo de empresas en cuanto a tamaño, desde el estanco de la esquina hasta una multinacional. Generalmente, se utiliza un múltiplo común a todas las empresas de un mismo sector para multiplicar las ventas por éste, y comparar entre ellas. Problema? Que muchas empresas de corte “start-up” que no general cashflow desde el momento 1, no pueden ser analizadas desde esta óptica tan líquida.

Conclusión? No hay un método exacto para valorar una empresa que sea mejor que otro, dependerá del tipo de empresa, del sector y sobretodo del momento vital de la empresa: no es lo mismo una compraventa cuando el ciclo vital está llegando a su fin para la empresa, que la valoración llena de expectativas y optimismo para una start-up de una app móvil.

La mejor respuesta: que una empresa vale lo que otro esté dispuesto a pagar por ella. Ni más, ni menos. El resto, es teoría.

Imagen: Brinbest


El libro negro del emprendedor.

enero 13, 2016

 

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Para hablar del libro que hoy aquí nos reúne es necesario hacer primeramente una puntualización importante: no es más de lo mismo, es algo de lo que no hay mucho escrito.

Bajando esta última frase a lo terrenal, el libro plantea la aventura de trasladar una idea a un negocio como una sucesión de acontecimientos los cuales han de esquivar las razones más frecuentes de fracaso. Y es ese el punto de partida de lo que nos expone Fernando Trías de Bes, las razones de fracaso de un proyecto, argumentando que lo común es que una empresa cierre antes de los 3 primeros años. 

En una serie de capítulos en los que va exponiendo de forma clara y en base a su experiencia los principales temas periféricos a la hora de montar un negocio, el libro se hace ameno y no demasiado analítico. Siempre pragmático y obviando clichés tan socorridos hoy en día como puedan ser los relacionados con la “filosofía empresarial”, el autor asegura que si un modelo de negocio no es tumbado en los sucesivos “asaltos”, el lector podrá plantearse seguir adelante con el proyecto.

No sé si en El libro negro del emprendedor está todo lo que uno debiera saber sobre negocios antes de lanzarse a emprender, pero lo que está claro es que teniendo ese puñado de consejos que el autor se encarga de dejar de manera tan clarividente, será más complicado cometer errores que amigos, familia y cuñados no suelen exponer en las sobremesas cuando se habla de negocios.

Para mí es como una Biblia que todo el mundo debiera leer. Lo complicado explicado de manera sencilla para que todo el mundo sin una base pueda entenderlo y extrapolarlo a sus necesidades, pero conviene hacerlo en pequeñas dosis para ir asimilando conceptos tan importantes.

 


Estrategias de marketing en supermercados.

noviembre 22, 2015

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A menudo, solemos confundir publicidad con marketing. Y realmente, tienen algo que ver, pero, a modo de introducción para enmarcar el artículo que hoy nos reúne aquí, hemos de quedarnos con que la publicidad es solo una parte o forma de aplicar una estrategia de marketing.

El marketing es un arte. Algo complejo de aplicar en la compraventa pero que si se hace de manera sublime tiene unos resultados a largo plazo muy potentes. Es más, si uno es observador se dará cuenta que sucumbe a ciertas estrategias de marketing con más asiduidad de la que cree. 

Como no me gusta meter al lector en densidades técnicas porque todo se recuerda y asimila mejor con ejemplos, me centraré en uno de los escenarios más socorridos para poner en práctica acciones de marketing y utilizar al consumidor como un auténtico títere: los super e hipermercados.

Lo que alguna vez alguien nos tiene comentado, es que, por ejemplo, los carritos de estos establecimientos están dotados con taras y fallos mecánicos para empujar los carritos de compra hacia el lado que interese y así sesgar el proceso de compra, orientándolo -presumiblemente- hacia los productos que se encuentren en el lado de hacia donde se desvía el carro. Otra cosa por todos sabida es que según se pague, o interese, un producto estará ubicado a una cierta altura, a la del ojo, para ayudar a según qué tipo de persona a decantarse por cierta opción.

También hay quien habla que cada ciertos meses, los supermercados cambian todo de lugar para así “confundir” al consumidor y que, mientras vuelve a ubicar las secciones, se tome un tiempo para ver productos que antes no conocía. O, análogamente, situar productos de primera necesidad al fondo del establecimiento en detrimento de otros más impulsivos cerca de las cajas y en los pasillos de entrada.

Pero estos no son mis favoritos. Me gusta más cuando incluso el cliente está tan bien manipulado que parece que hasta la empresa nos está haciendo un favor con ciertas acciones de marketing. A saber:

Tarjetas de cliente, una de mis favoritas. Resulta que el supermercado nos regala una tarjeta para acumular puntos con nuestras compras y con esto, obtendremos descuentos y artículos gratuitos. Bueno, parece que el supermercado simplemente quiere premiar al cliente fiel. Si y no. Más bien lo que quiere de nosotros es información.

Cuando pasamos nuestra tarjeta cliente al realizar la compra lo que le estamos diciendo es: “Yo, varón de 30 años, vivo en tal ciudad y he consumido el último mes tanto de esto y tanto de esto otro”. Por poner un ejemplo. Y para qué quieren esa información? Analizan tendencias, hábitos de consumo, ven qué zonas/ciudades consumen qué cosas para luego modificar folletos publicitarios en esas zonas, segmentar, saber qué días de la semana van qué tipos de persona para poner en oferta unas u otras cosas, etc.

Es genial cuando por utilizar esta tarjeta la recompensa suelen ser artículos que ellos ya saben que nunca compras. Además aprovechan los que más rotación necesitan según la época del año. O sea que la cantidad de aplicaciones que puede tener la tarjeta de cliente es inmensa.

Hoy en día la información es poder, y en la medida que se pueda clasificar, analizar y utilizar para vender más, más valor tendrá. Piensa en cuántas veces das tu información en concursos, tarjetas de cliente, sorteos, promociones, y demás acciones comerciales. Aplicar estas técnicas no garantiza el éxito de un modelo de negocio, pero si uno se fija en las grandes empresas retail y de alimentación, verá este tipo de estrategias muy bien hiladas para saber qué hacemos y por qué lo hacemos.

 


¿Qué es el cashflow? Importancia para los negocios

noviembre 10, 2015

Water tap dripping dollar bills, Water waste concept

Hoy giraremos el grueso de nuestro artículo en torno a un concepto del que todos hemos oído hablar, muchos conocen su significado pero pocos parecen ser conscientes de su importancia: cashflow – o flujo de caja en castellano.

 En esencia, el cashflow es todo flujo monetario, tanto positivo como negativo. O sea, movimientos de efectivo de caja. Podrá verse en libros de economía/empresa como flujos de caja, flujos de efectivo (contabilidad) o movimientos de caja. Dinero.

En lo tocante a las finanzas, también sirve para describir la liquidez de ciertos elementos de inversión o productos financieros. En ese sentido, si yo pongo a depósito 1000€ esperando recibir un tipo de interés del 1% pagaderos a final de mes durante un año, los flujos de caja de la operación serían del tipo: -1000, +10,+10,…,+1010. Tiempo.

Entonces el cashflow tiene que ver con el dinero y con el tiempo, tanto en finanzas como en el mundo empresarial. Sirve para explicar la liquidez, lo tangible, la capacidad de maniobra de una empresa en un momento delicado, la medida con la que mi fondo de inversión me liquida la aportación, el dinero contante y sonante, que acostumbran a decir los sabios en el tema.

Y por qué es tan importante el concepto cashflow?

En un mundo en el que parece que las finanzas, en cuanto a lo referido a toda esa maraña de contabilidad, se han separado definitivamente de la economía de lo real, el cashflow tiene cada vez más importancia.

De nada vale saber que se tiene un negocio innovador con unas previsiones impresionantes, o decir que posees una base de clientes tal que podrían generar millones, o vivir de una patente o invento. Nada de eso tiene valor en el momento que no genera dinero, flujo de caja, cashflow. Porque a nuestros empleados, nuestros impuestos, nuestros alquileres, nuestras materias primas han de ser pagadas con dinero, lo mismo se espera en la medida de lo posible que lo genere el negocio.

Y ese es el problema. No entender que el mundo se mueve por dinero a día de hoy. Cuando mucha gente se aventura  alanzar un negocio, parece que todo vale más que la idea. “El dinero ya vendrá”, “no te preocupes, ya rentabilizarás tu base de clientes”, “lo importante es coger mercado”, etc. Falacias. Tal y como los pagos y costes de una empresa se pueden estimar con mayor o menor incertidumbre, lo mismo ha de hacerse con la capacidad para generar dinero en la empresa.

Otra cosa es aceptar que el cashflow será negativo durante una serie de períodos en aras de un futuro flujo de caja positivo, pero partir de la incertidumbre de cómo un negocio va a generar dinero es suponer demasiadas cosas de partida. Dicho esto también hay ciertos casos extremos que son de apuestas de todo o nada como las famosas startups, pero sabiendo a qué se juega en todo momento, claro está.

Así que la próxima vez que plantee un negocio o inversión preocúpese de cómo y cuándo tal cosa va a hacer que caigan los billetes en su cuenta y menos en cosas periféricas. Porque cuando hay entrada y salida de dinero en una empresa la gestión es más fácil que en una más parada aunque más rentable, hoy en día la capacidad de una empresa para adaptarse al entorno es fundamental para su supervivencia y, en la medida que la empresa disponga de recursos líquidos de manera más rápida, más fácil podrá hacerlo.

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El posicionamiento de una marca o empresa.

agosto 24, 2015

Hoy vamos a hablar de posicionamiento. No, no tiene que ver con estrategia SEO ni cosas que tengan que ver con el marketing online. Tiene que ver con algo que roza lo filosófico-existencial. En esencia, el mantra de la empresa.

¿Que no sabes qué es el mantra? Tampoco sabes si las empresas o marcas lo tienen? Bueno, no soy partidario de poner el ejemplo antes de la explicación teórica pero como vamos a hablar de algo que sucede en la cabeza del consumidor nos será de gran ayuda. Y es que la filosofía de marca, parafraseando al gran Mark Hanna en The Wolf of Wall Street, no es una cosa que se pose, que se pueda tocar, no es tangible.

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Si os dijese que ahora mismo me apetece un refresco de cola, en qué marca pensaríais? Y si hablasemos de cuchillas de afeitar? Y si estoy en el centro de una ciudad europea y me apetece un café? CocaCola-Gillette-Starbucks? Vale, quizás Pepsi o Wilkinson, pero en esencia, esa reacción en la mente que se produce cuando alguien tiene una necesidad y la primera palabra que se le viene a la mente para sustituirla es una marca, entonces, se habrá conseguido el Santo Grial de los negocios: el posicionamiento de una marca.

Normalmente, el funcionamiento es a la inversa: Nace una empresa. Hace cosas para satisfacer a clientes. Cada vez hace más cosas para sustituir a más clientes, o pretende llegar a más clientes con las mismas cosas. Se da cuenta que es más rentable por costes o por mercado en solo ciertas áreas de todas sus líneas de facturación. Se centra en ellas. Saca incluso marcas diferentes bajo productos bastante similares. La gente empieza a conocer cada vez más y más esa marca porque hace mejor que la competencia cierta cosa. Y así hasta que el consumidor lo asimila en su cabeza.

Y no me vengáis con ejemplos en la cola de la distribución de Poisson como puedan ser 3M o Google. Esos son excepciones que no han de cogerse de ejemplo a la hora de posicionar una marca en la mente del consumidor. Debemos hacer siempre una cosa, solo una, excepcionalmente bien, y mejor que la competencia a ser posible, para poder esperar que el cliente la posicione en su mente.

Me entristece cuando alguien habla de marketing y alude continuamente a la segmentación de mercado. Segmentar no debe confundirse con posicionar. Puede haber causalidad, puede haber correlación, puede haber solapación entre segmentación y posicionamiento pero nunca son lo mismo. La segmentación de mercado alude a la capacidad que tiene una empresa para dividir el mercado al que se dirige en otros más pequeños a fin de atender las necesidades semejantes en base a ciertos criterios de cada segmento para vender más. El posicionamiento es más bien un ejercicio de puertas para dentro en la empresa para tratar de hacer magia en la cabeza del consumidor y que su marca sea la primera en venir a la cabeza para iniciar el proceso de compra.

Veámoslo con otro ejemplo: Ryanair.

Segmentación: Ryanair cobra más por servicios “extra” a la gente con más renta disponible que otras aerolineas. Véase equipaje extra, escoger asiento, embarque prioritario, etc, son cosas que en otras compañías pueden no costar un céntimo y Ryanair lo vende a precio de oro. Por qué? Entienden que el segmento de gente que no tiene tiempo ni ganas de preocuparse por esas cosas suele ser el que tiene mayor predisposición a pagar más por disfrutar de servicios extra.

Posicionamiento: Necesito viajar barato de Madrid a Munich. -> Ryanair.

Parece más simple el posicionamiento que la segmentación? Pues nada de eso. Posicionar una marca suele ser un trabajo de años de marketing, publicidad, constante lucha por ser la pionera en algo,… es una batalla encarnizada con la competencia por tu mente. Las empresas, como si de un buscador en Internet se tratase, llevan años gastándose miles de millones por hacer aparecer primera a su marca en tu mente cuando busques o necesites algo. Piénsalo.

A la hora de arrancar un negocio, mucha gente se pierde y se disipa en querer vender mucho a mucha gente. Error! Eso es lo fácil. Céntrate en vender un producto o servicio a un segmento “mejor” que el resto y estarás posicionando tu empresa/marca. El resto te convertirá con el tiempo en un bazar chino. Y por “mejor” se entiende, entre otros:

  • Tener mejor relación calidad/precio que la competencia
  • Ofrecer un servicio postventa mejor
  • La exclusividad de la marca
  • Ser más barato que la competencia

Entonces, la próxima vez que plantees vender algo nuevo, considera mejor cómo el cliente va a ver tu marca/producto/servicio/empresa en su cabeza, y no tanto en querer vender más sin saber todavía qué va a pensar el mercado de él. Implícate en el proceso de venta para ver por qué el consumidor compra tu producto y por qué no.

Imagen: iprofesional


Pon un asesor en tu vida.

agosto 3, 2015

No, no me refiero a un asesor sentimental, o un -tan de moda- coach. Me refiero a la figura del asesor “de toda la vida”. Y es que desde que me dedico con gratuidad a aconsejar a propios y extraños en sobremesas sobre finanzas personales, emprendimiento o mundo laboral, siempre surgen cuestiones del lado de los interesados de las que no puedo dar respuesta.

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¿Qué tengo que hacer para registrar una empresa?, ¿Cómo hago para pedir una subvención?, ¿Cómo calculo una nómina para un trabajador?, ¿Cómo se registra una marca comercial?… y un largo etcétera.

Con carácter general, siempre doy el mismo consejo: contrata un asesor. “Es que quiero aprender a hacerlo yo mismo“, replican. Pues va a ser una pérdida de tiempo, sobre todo en el entorno empresarial. Por qué alguien iba a querer perder tiempo en ponerse al día en saber realizar todo tipo de trámites relacionados con la gestión ordinaria o trámites burocráticos habituales en la vida de una persona? Solo tendría sentido si realmente se quiere dedicar a la asesoría, consultoría y contabilidad.

Al principio, en ese afán de querer arrancar con un proyecto empresarial o a mejorar las finanzas personales, se tiende a dejar de lado una regla de oro: si alguien lo va a hacer mejor que tú y cobrando menos de tu coste marginal de hora de ocio o trabajo, delégalo. Y suele ser el 80 o 90% de los casos.

Nadie sabrá decirte cómo tramitar una subvención de la manera en la que conseguir la mayor probabilidad de éxito, o haciéndola tributar de la manera más ventajosa para tu empresa que un asesor o gestor de empresa que viva de hacerlo y que ya tenga la experiencia. Eso por poner un ejemplo, uno de los muchos que van desde contabilidad personal a trámites de pymes.

Existen asesores que llevan la contabilidad personal y profesional de una persona de manera integral, gestionando patrimonios y empresas, hasta formas de hacer consultas de manera telemática para casos puntuales. El hecho de contratar a un profesional no va de tener más o menos dinero; va de entender que hay ciertos trabajos que es mejor delegar.

Como tampoco te dedicas intentar ser notario para ahorrarte el dinero de la firma del mismo cuando inscribes una empresa en el Registro Mercantil, los buenos gerentes de empresas se dedican a lo que mejor se presupone que saben hacer: satisfacer una necesidad mejor que el resto.

Y ya en el plano más personal, lo recomiendo encarecidamente. En las empresas que he constituido ni me he preocupado de saber qué trámites o qué legalidad tengo que seguir. Para eso ya hay gente y merece la pena hacerlo siguiendo su experiencia, profesionalidad y buen hacer. Ahora que, como en todo, hay profesionales buenos, muy buenos y malísimos; como buen gestor sí es responsabilidad tuya dar con uno bueno y de confianza.

De alguna manera, y ya para cerrar el artículo, que entristece cómo se ha perdido la esencia del empresario y su capacidad para saber qué cosas tiene que subcontratar y cuales puede hacer por él mismo. Hacer de una idea un modelo de negocio rentable debe ser la preocupación de los gerentes de empresa, y los trámites son solo una condición necesaria pero no suficiente para triunfar; nunca te aportarán una competencia distintiva ni el hecho de hacerlos te harán ganar dinero per se.


Anomalías en los mercados financieros; ¿Qué es el efecto enero?

julio 22, 2013

Aunque estemos en pleno verano de 2013, las condiciones climatológicas me hacen pensar que estamos casi en invierno, y ¿qué mes más representativo puede haber de dicha estación que enero?. Todo esto viene de mi intención de mostrar al lector un hecho muy curioso que se produce en los mercados financieros desde hace decenas y decenas de años: El efecto enero.

De todos es sabido que tras los números, cotizaciones, operaciones, ordenadores y órdenes que rigen los mercados financieros están las personas, y estas, por mucho que nos cueste entenderlo,se rigen por patrones psicológicos de conducta. Eso fue, es, y será por los siglos de los siglos. De un modo u otro, y aplicando la Ley de Los Grandes Números, esta conducta racional se traduce a los mercados, provocando en ellos una serie de comportamientos “extraños”. Los puristas de la materia se aventuran a llamar a estos fenómenos anomalías.

Dichas anomalías son de lo más pintoresco: desde que es mejor cerrar posiciones los viernes y abrirlas los lunes por la mañana, hasta que los días de luna llena son los mejores para invertir según ciertos estudios. Hay planteamientos más o menos serios y convincentes pero, si en algo hay unanimidad es en el caso del reconocimiento de la existencia del efecto enero.

Pero ¿Qué es el efecto enero?. En un alarde de originalidad, se utiliza ese nombre para hacer referencia a que la Bolsa, los meses de enero de cada año, tiene un comportamiento susceptiblemente mejor que el resto de meses del año. Tanto para España, como para Europa como para América; para todo tipo de mercados internacionales esta condición se cumple. Ojeemos datos:

A la vista de la información que arroja la tabla superior, el Standard and Poor’s 500, en los 81 años anteriores para los cuales se te ha tomado el estudio, nos indican que enero ofrece una rentabilidad media del 1.4% sobre el 0.8% del resto de meses, y con una desviación típica menor, lo que si cabe es más importante.

Los expertos en la materia ofrecen 4 principales motivos por los cuales este fenómeno se produce en los mercados de renta variable de todo el mundo:

1.- Cierre de presupuestos y balances anuales: Con las cuentas anuales del año anterior cerradas, ahora las empresas tienen que poner en marcha sus planes estratégicos para el vigente año, con lo que posibles lastres de meses anteriores se aparcan a un lado para ver aflorar nuevos proyectos. Como ya sabemos que en bolsa se descuenta todo, esta subida se produciría en enero.

2.- Ventajas fiscales: en diciembre se reajustan las carteras de patrimonio de los individuos, metiendo en muchas ocasiones grandes aportaciones en fondos de inversión, a fin de beneficiarse del tratamiento fiscal que tienen estos instrumentos de renta variable en detrimento de la tributación pura y dura por IRPF.

3.- Fondos de inversión: Los gestores de los fondos no hacen cambios en la composición de sus carteras por miedo a que los reajustes desestabilicen los rendimientos esperados y echen al traste con la reputación de dichos fondos. Por eso suelen esperar a enero, una vez pasado el benchmarking, para hacerse con nuevos activos y despojarse de los que menos rendimiento le han proporcionado.

4.- Factores psicológicos: Para mí, la más importante. Si algo de poderoso tiene una anomalía en un mercado, no es la anomalía per se sino su poder para auto-confirmarse; si en enero de 2014 pensamos que la bolsa subirá (y a la vista de los datos, será mas probable que otros meses para que así sea), iremos todos en masa a comprar, haciendo que el valor de las acciones suba.

Esperemos que el lector tenga buena cuenta de este tipo de sesgos del mercado para sacar provecho de ellos.